viernes, 27 de abril de 2012

Momentos tiernos


Primero, por si no me conoces, creo que lo más conveniente sería aclarar que tengo una ligera obsesión con hacerle foto a cualquier animal que se me pase por delante (gatos y cosas aladas en particular), así que verás mucho de ellos por aquí. Son mi debilidad, qué le vamos a hacer.

Y entrando ya en materia...

Esta instantánea en particular fue una agradable sorpresa.



Estaba yo sentada en las escaleras que bajan del MNAC, después de un largo paseo por Montjuich, contemplando la puesta de sol y los cientos de extranjeros paseando arriba y abajo cuando, de repente, una paloma se posa a mi lado. Nada especial, simplemente un pájaro buscando las migajas que puedan haber por el suelo. Medio minuto después, otra paloma se posa a su lado (o palomo, para ser exactos), y la escena cambia por completo.

Llegados a este punto, supongo que debería explicarte por qué conseguir ésta fotografía fue una sorpresa. La principal razón es que la cámara que estaba en mis manos en ese momento, no se prestaba a ello. Y es que una reflex de carrete, totalmente manual, con casi cuarenta años, con la que necesitas tomarte tu tiempo antes de disparar, no es la mejor opción para capturar un momento que puede desaparecer en segundos, y si además de eso, no te paras ni a mirar por el visor para encuadrar la escena, pues qué quieres que te diga, las posibilidades de que salga algo decente son casi inexistentes.

Pero ahí estaba. Resultó que, cuando tuve los resultados en mis manos, la foto que menos esperaba, además de ser la más tierna, se había convertido en la mejor del carrete.

Datos... datos...
Tomada con una Pracktica SuperTL, carrete b/n, con las luces del atardecer en Barcelona.
Nota curiosa: La foto se tomó un par de días antes de San Valentín.

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