Soy testaruda a más no poder y, cuando me obstino en conseguir una foto, no paro hasta que es mía o, en su defecto, hasta que me es imposible seguir intentándolo. Por desgracia, cuando se trata de fotografiar animales, la balanza suele inclinarse más hacia el lado de la imposibilidad.
Pero de vez en cuando lo consigo.
A este espécimen, made in pueblo de montaña llamado Ventolà, me lo encontré tomando la fresca en uno de los laterales del camino asfaltado que subía por el pueblo. Me paré, él levantó la cabeza, me miró, y se quedó tan tranquilo. Perfecto. Cojo la cámara, que iba encendida pero en manual, me acerco el visor al ojo para encuadrar y... Ya no está. Genial. Evidentemente, el señor había echado a andar camino arriba. Pero, como a mi ningún gato me deja plantada y sin foto, me puse a seguirlo. Íbamos separados por unos cuantos metros; él con paso tranquilo, aunque tuviera muy presente que le iba pisando los talones una loca con una cámara (si te fijas tiene las orejas echadas hacia atrás), yo parando de vez en cuando para arrodillarme en el suelo e intentar sacar una foto que no estuviera movida, quemada, demasiado oscura o desencuadrada...
Y sí, al final la conseguí.
Aún así, seguí detrás de él un rato más, hasta que llegamos a los límites del pueblo y él se quedó allí, mientras que yo seguí subiendo por el camino asfaltado. Diez minutos después me topé con un beagle monísimo, pero esa ya es otra historia.
Notas curiosas & tecnicismos:
La fotografía en si me encanta, sobretodo por las sombras y el contraste con el camino. Además, se carga completamente la regla de los tercios (el gato está justo en el centro de la imágen), pero creo que eso es precisamente lo que la hace destacar.
Mi madre venía conmigo durante parte del camino, pero ya la tengo acostumbrada y me quiere igual.
Y sí, tengo una foto espectacular del beagle XD

Siempre puedes pensar que de haber estado yo allí el gato hubiera desaparecido en cero coma XDDD
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